Cuando miro en perspectiva que es la vida, pienso en un fuego de campamento o también conocido como Fogón, que es la fiesta mayor en el campamento, es la celebración final de todas las experiencias, vivencias, caminatas/marchas, trabajo en equipo, vida al aire libre y contacto con la naturaleza,  es el cierre más característico de una actividad como el Campamento. Seguro que todos habéis vivido alguna experiencia similar.

Cuando estaba dando cursos de formación de monitores de campamento, defendemos unas teorías y prácticas de hacer las cosas, una cosa era el Fogón, y lo demás eran diferentes tipos de veladas. Esta fue una fórmula que defendimos un grupo grande de gente y hoy día no sé en qué quedó esa teoría y práctica, que espero y deseo que esa mística siga de generación en generación.

El fuego de campamento tiene un encendido especial, como el ritual del nacimiento, un momento especial, como la vida misma el fuego va encendiendo poquito a poco y la llama va tomando cuerpo y alma. El fuego de campamento tiene una forma especial en el que lleva cuatro troncos en forma de cuadrado y va subiendo como de una pirámide se tratase y dentro de la pirámide van palos finos, hojarasca y el groso de la leña para alimentar el fuego toda la noche.

Después que se consume la hojarasca y la llama va creciendo, va quemando la madera joven y nuestra infancia va jugando entre chispas y sonidos del fuego ascendente, adolescencia se funde con la juventud entre bocanadas de aire y llamas, la madurez llega con la quema de los pilares de la pirámide. Llegó el momento en el que uno de los encargados del fuego y nos llenen de energía, tal cual nos lo da una pareja, el casamiento con Sandra, cada vez que un encargado del fuego entra en el ruedo para alimentar el fuego, es una plenitud de energía que nos da la vida, el nacimiento de una hija, Cami, el éxito profesional, el nacimiento de Nico,....

Cuanto más madura nuestra vida, más se consumen los palos de la pirámide, la base de nuestro fuego concejo, la base de nuestra vida, y así pasa el tiempo y esas brasas que fueron madera rígida nos devuelven el calor de la vejez. Y la vida se va apagando como los últimos destellos de un fuego que supo dar energía, luz, calor y muchas cosas más.

Esto sería la vida como habitualmente se conoce, pero que pasa si una vez el que debe alimentar el fuego, coje un cubo de agua helada y lo lanza al fuego como si no hubiese un mañana. No hay mejor definición de la enfermedad, que el cubo de agua helada, y más en contraposición con el fuego de la vida ahí creo que se define muy bien la ELA. Después del desparramo y del impacto, queda luchar por ser feliz y convivir con la enfermedad y todo lo que traiga ella, pero siempre con la cabeza en alto, aportando dentro de lo que se puede, nuestro granito de arena para la investigación y siendo feliz con las personas que nos rodean.

Seguimos trabajando con el stock fotográfico preparando lo que será el libro y ajustando todos los detalles para hacer realidad este sueño, un gran abrazo y arriba los corazones